Sobre las miradas... Aahhh esas miradas

¿Alguna vez miraste a alguien directamente a los ojos y te sentiste total y completamente vulnerable?


Hay personas que con una mirada tienen la capacidad de atraparte, desarmarte y dominarte, sin darte cuenta enredarte en sus pupilas, fundirte en ellas y dejarte sin palabras. Y aunque quieras reaccionar tus rodillas tiemblan, tus manos sudan, tu estómago siente un cosquilleo y no te queda otra que rendirte como soldado en guerra, levantando las manos y sencillamente entregarte, porque ya no hay vuelta atrás y porque te quedas con las ganas de explorar y sentir más de esa sustancia llamada dopamina que el cerebro empieza a generar.


Acá ando sentada muy cómoda en un sofá en el aeropuerto de Tocumen en Panamá, esperando mi siguiente conexión a Ciudad de México volando después de año y medio, sorprendida que no aún no me ha dado un ataque de ansiedad entre vuelo y vuelo (porque no sé cuando leas esto, pero estoy escribiendo en medio de una pandemia que ha dejado miles de muertos y siendo muy honesta a ti que estás leyendo tengo cero ganas de escribir sobre eso... aún). Pero bueno, aprovechando este momento para reflexionar y mirar, aaahhh cuanto disfruto mirar y contemplar, tengo una gran memoria fotográfica, soy de esas personas que probablemente no recuerde tu nombre en un próximo encuentro, pero seguro no olvido la forma de tus labios y si los traías naturales o pintados, la estructura ósea de tu cráneo o el color de la liga con la que te recogiste pelo. Tengo la capacidad de recordar cada lunar, cada arruga, si respiras agidado/a o muy ligero, si te pusiste rimel en las pestañas y hasta el tipo de zapatos que traías puestos, cómo cruzas las piernas para acomodarte, o titubeas al hablar, cómo peinas tu flequillo con los dedos y si estos son delgados o gruesos, tu color de esmalte con sus diversos diseños o cómo te rascas la cabeza para pensar, sin duda alguna soy una gran observadora porque con el tiempo entendí que es más divertido no hablar tanto pero mirar mucho.


Y vengo hoy a decirles que estoy un poco molesta. Sí sí, porque siento que no le hemos dado la importancia a los ojos esos que hablan sin que la boca pronuncie una sola palabra, esos que para muchos (como yo) hoy se esconden detrás de unos lentes empañados por el cubrebocas que apenas nos permite respirar. Esos que ahí están, escondidos pero con tremendas ganas de perderse en otros y conectarse para conocer ese maravilloso mundo con mil historias guardadas detrás.


A veces me descubro a mí misma buscando ese encuentro de miradas, acechando a diferentes objetivos para que justo ahí "clic" nuestros ojos se encuentren quizás por un largo rato o un microsegundo que podría parecer una eternidad. Es magia pura en su estado más inerme y natural, porque hay miradas que sanan, que curan, que emocionan o que dan tranquilidad cómo hace unos instantes mientras el mesero me traía una cerveza en el bar del aeropuerto levanté mi vaso y crucé miradas con una señora para hacer la señal de "salud" ese instante que duró nada, suavizó la hostilidad y complejidad de lo que estamos viviendo en este momento como humanidad.


Las palabras tienen mucho poder, pero ¿las miradas? Ppppffff las miradas tienen ese magnetismo puro, encanto particular, que te llevan con la velocidad de un cohete 🚀 de 1 a 60 segundos de la tierra a Marte 🪐 para hacerte entender que los ojos hablan más que la boca y que hay miradas únicas que te hacen sentir miles de mariposas.


Otro día hablamos y profundizamos sobre las sonrisas... porque esa es ooooootra historia que merece el tiempo, las ganas y la narrativa correspondiente. Toda la boca es una galaxia fascinante de oportunidades, compuesta por labios, dientes y lengua que permiten dibujar una curva bonita y generosa la cual nos lleva a transitar un camino desconocido pero cargado de curiosidad, ¿qué habrá detrás de esa sonrisa?, ¿qué intensión tendrá? Sólo el tiempo lo dirá.

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