Alguna cosas cambian, otras no

Hoy 31 de mayo de 2019 siendo las 17:24 horas creo que por fin la valentía de escribir le gano a mis nervios e inseguridades. Así que he decidido luego de un largo periodo de tiempo, poner en letras las mil ideas que rondan en mi cabeza a ver si así logro darle tantita forma a este caos mental, que parece (finalmente) empezar a ver el "sol después de la tormenta".

Hace exactamente un año a esta misma hora, luego de firmar mi carta de renuncia, recoger lo poco que tenía de pertenencias en mi escritorio, abrazar a amigos y compañeros, salía del que fue el trabajo más increíble, estresante, interesante, generoso y exigente que haya tenido jamás (pero hoy no vamos a entrar en detalles de ese lugar o el motivo que me llevo a renunciar).

Recuerdo perfectamente que esa mañana me tome una ducha más larga de lo normal, me puse un vestido a rayas de lino, porque el calor del verano en la Ciudad de México es de los que quema y sofoca, estaba soleado y fue un día en el que por fin, tuve un largo rato para desayunar.

La rutina a partir del día siguiente iba a cambiar, así que disfrute al máximo ese 31 de mayo como una suerte de despedida de esa vida caótica que me llevo a tomar una de las decisiones más difíciles de mi vida profesional.

Como todas las mañanas saque a mi perro Otis a pasear al parque, nos quedamos un rato más largo de lo normal, haciendo nada (por cierto, ¡había olvidado la sensación de no hacer nada!), mirando a la gente pasar, Otis corriendo y yo sonriendo sin razón alguna. Regresamos y me preparé un café colombiano que me había regalado mi primo David, de esos que huelen delicioso y saben a gloria y un pan árabe con jamón y queso para acompañar. Sentía después de mucho tiempo una felicidad y una paz inexplicable, pero también un temor inimaginable.

Algunas cosas cambian: Última día laboral

Mentiría si dijera que fue una decisión fácil. No lo fue. Pero después de largos meses de analizar, pensar y darle vueltas a la idea, necesitaba soltar esa pesada mochila que me consumía, que me desgastaba y que ya no podía cargar. Fue una lucha interna el tratar de explicarme a mi misma que esta decisión no era un fracaso (aunque mi cerebro no colaboraba con mi terapia personal), que extrañaba tanto a la Jess de antes y que no reconocía a la Jess de ahora. Que iba a defraudar a tantas personas, que era mejor estar con algo seguro a dejar todo y lanzarme a lo desconocido, que era más sencillo abrazar la idea de una "felicidad a medias", a una absoluta. En mi esquema mental, esa felicidad total no existía, eran esas historias de fantasía que la televisión, los libros o el cine nos vendían. Pero resulta que los cambios no son tan malos como parecen, que no era la primera y última persona que renunciaba a un trabajo, que tuve la gran fortuna de ser contenida por personas que me aman genuinamente, resulta que la vida sigue y esos que importan en tu vida se quedan, que no somos indispensable y en un abrir y cerrar de ojos alguien más ya ocupó tu lugar, que el mundo no se acaba y que salir caminando ese 31 de mayo con un vientito fresco recorriendo mi vestido de lino y mi pelo, fue esa felicidad absoluta (aunque durara unos segundos) que las películas de Hollywood alguna vez me vendieron.

Otras cosas no cambian: Recibiendo a mi madre

Todo esto que hoy escribo, no hubiera sido posible sin el apoyo incondicional de personas muy importantes en mi vida, amistades que ponen a prueba el carácter de una persona, seres valiosos a quienes en su momento les manifesté mis tristezas y mis miedos, mi aprecio y mi gratitud. Bruno se merece una mención especial por haber sido desde el día 1 mi pilar y mi faro en la obscuridad, mi compañero de camino, mi pareja, mi amigo. A Él, le estaré infinitamente agradecida por apoyarme en este proceso con sus silencios oportunos y sus palabras de aliento, esas que fueron y siguen siendo tan necesarias para seguir este proceso.

No hace mucho tiempo vi una entrevista a Jorge Bucay donde mencionaba "Una de las cosas que conspiran contra la felicidad del ser humano es el miedo", hoy puedo decir que lo he vencido, ese miedo que paraliza y no te deja avanzar. Pasa que a veces se trata de animarse a caminar hacia lo desconocido para reinventarse y evolucionar (yeah right, ¿que fácil suena verdad? Ya luego les contaré ese proceso evolutivo de aprender y desaprender en el que me encuentro hoy).

A las 18 horas aún con el sol radiante (también había olvidado lo que se sentía salir con luz del día) arranque mi coche y rumbo al aeropuerto salí, sin remordimientos, sin mirar atrás, el día cerraría con broche de oro esta última jornada laboral. Luego de meses sin vernos, esa misma tarde me reencontraría con mi madre, quien llego en el momento exacto para evitarme una crisis existencial, para abrazarme y contenerme, para hablar horas en la madrugada y ayudarme a despejar la mente. Y es que hay cosas que cambian, pero hay otras que están muy bien como están.

JFB

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